Si los callos son como los de la abuela, como anuncian en la lata, la verdad es que por mucho cariño que le tengamos, más bien dan asco que ganas de comerlos...!
Hay tantas cosas sorprendentes en nuestro entorno que, de tanto verlas, ya no nos llaman la atención. Pero, si las analizamos con calma, veremos lo increíble de su existencia.
Situaciones y nombres sorprendentes (e incluso graciosos) de pueblos, ciudades, calles, comidas, santos, vírgenes, letreros...