Se la considera una de las advocaciones más antiguas de España. Alfonso VI, Doña Urraca y muchos más aseguran haber visto personalmente muchos de sus milagros. Gran parte de estos eran curaciones portentosas que se lograban con la aplicación del aceite de las lámparas que ardían ante el altar de la Virgen.

Por su aspecto, desde muy antiguo el pueblo fiel la llamó con gran acierto Nuestra Señora de los Ojos Grandes y es la patrona de Lugo y la catedral está consagrada a su nombre.